La vulnerabilidad como motor de la Hospitalidad Emocional

En una industria que algunas veces premia la perfección y blindarse tras armaduras de hábitos y costumbres, encontré mi camino gracias a una empresa que apostó por algo distinto: la actitud. Sin experiencia previa, me ofrecieron un puesto gerencial en el comité de operaciones. Antes de asumir responsabilidades fui parte de un proceso de formación exhaustivo y profundamente enriquecedor, el cual no solo me preparó operativamente, sino que me transformó emocionalmente. Esa decisión transformó mi vulnerabilidad en una fuente de liderazgo, creatividad y lealtad.

Durante ese proceso, aprendí que la vulnerabilidad no es una debilidad, sino una puerta abierta a la evolución. Me permitió desarrollar una capacidad aguda para resolver problemas, mantener una mirada imparcial y maximizar utilidades sin perder de vista la experiencia del cliente. En esa empresa, el colaborador era tan importante como el huésped. Esa cultura sembró en mí una convicción: cuando se honra la vulnerabilidad, florece la creatividad, entre otras capacidades.
En años recientes encontré que René Brown / académica y escritora estadounidense, dice: que “reconocer la vulnerabilidad: vigoriza la innovación, la igualdad e inclusividad, la capacidad para resolver problemas, que las decisiones se toman en base a la ética y que el ejercicio de dar o recibir retroalimentación se hace honestamente”, lo cual faculta el crecimiento profesional y personal. También dice que no reconocer dicha condición (vulnerabilidad) y exigir perfección puede “paralizar la innovación, crear ansiedad, incertidumbre, escasez y vergüenza”.

Supervisores que ocultan sus dudas bajo una coraza emocional podrían impedir que los individuos –en sus equipos– progresen. En cambio, los líderes que practican el agradecimiento y la curiosidad —como aquel GM que me enseñó a iniciar cada briefing con gratitud o a ver la curiosidad como virtud— nos impulsan apreciar el trabajo, la vida, a lograr lo que a veces es impensable, a conseguir ese balance entre trabajo y vida personal. A ser más felices.
La vulnerabilidad. Es el inicio de una hospitalidad más profunda, más auténtica, más nuestra.