Pemex: Dinero bueno al malo
NO TIENEN desperdicio las advertencias de la agencia calificadora Fitch Ratings en uno de los más recientes análisis sobre el Paquete Económico 2027.

Desde luego que Fitch destacó el enfoque más realista en la reducción del déficit público y las metas en materia de consolidación fiscal, lo que significa un mayor equilibrio en gastos e ingresos y disminución en el nivel de deuda del gobierno.
Incluso la Secretaría de Hacienda difundió un comunicado para resaltar las opiniones favorables de Fitch Ratings sobre el Paquete Económico 2027 que fue entregado a los legisladores el pasado 8 de septiembre.
Pero el comunicado de Hacienda sólo destacó una cara del análisis, sobre todo cuando la calificadora habla de una ruta fiscal más creíble y realista, la meta de 3.9 por ciento de déficit fiscal del PIB, mayor recaudación y combate a la evasión sin crear nuevos impuestos.
Sin embargo, Fitch Ratings alertó sobre el tema del endeudamiento de México y el grave riesgo que significa Pemex, pues registra caída en la producción de refinación, alza en la importación de combustibles y arrastra dificultades para el saneamiento operativo de la empresa.
Es grave que el gobierno de la presidenta Sheinbaum proponga una inyección de liquidez por 81 mil millones de pesos en el presupuesto de 2026, porque se pone en riesgo la salud de las finanzas públicas y anticipa la posibilidad de recortes a la calificación crediticia soberana. Incluso estaríamos en el umbral de perder el grado de inversión antes de que concluya este sexenio.
Pemex dejó de ser una de las grandes fuentes de ingresos del gobierno federal. Hoy, la petrolera no puede vivir sin las transferencias del gobierno, las reducciones en su carga fiscal y de las operaciones financieras respaldadas por el Estado para mantener liquidez, cubrir vencimientos de deuda, pagar a proveedores y sostener parte de su operación.

De 2019 al 2026 el apoyo efectivo y verificable a Pemex, en estados financieros y cuentas públicas (que incluye aportaciones patrimoniales, estímulos fiscales y obligaciones), suma 2 billones 43 mil millones de pesos. De ese total 1.78 billones corresponden al periodo entre 2019 y 2025, y 263.5 mil millones de pesos fueron aprobados para 2026. Pero la cifra crece hasta los 2.75 billones de pesos si sumamos la renta petrolera no capturada por la baja en la tasa de derecho que debió pagar y que es un ingreso que nunca entró a las arcas nacionales.
La deuda financiera de Pemex a simple vista es de 85 mil 200 millones de dólares, equivalentes a 1.5 billones de pesos al cierre de 2025 o un 4.3 por ciento de PIB. Sin embargo, a esa deuda hay que sumar los pasivos laborales que serían algo así como 1.47 billones de pesos y con proveedores por 629.7 mil millones de pesos, de los cuales 436.7 mil millones permanecen como cuenta de corto plazo y 193 mil millones se reclasificaron a obligaciones financieras de largo plazo. El pasivo total, entonces, ya no es de 1.5 billones sino de 4.1 billones de pesos, equivalentes al 11.7 por ciento del PIB.
El apoyo a Pemex acotará el gasto en salud, educación, seguridad o infraestructura en 2027.
Por todo lo anterior, no sólo Fitch Ratings, sino también Moody’s y S&P consideran a Pemex un riesgo fiscal relevante. Aunque el apoyo federal reduce el peligro de incumplimiento, parte de los riesgos financieros del Pemex serán trasladados al balance público.
Así, la situación financiera de Pemex tiene un gran peso en la evaluación crediticia de México y es uno de los principales factores que podría llevarnos a perder el grado de inversión antes del 2030.
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