Turismo nacional, con turbulencias * AIFA * Aeroméxico * Viva
EL TURISMO mexicano navega entre turbulencias, y no precisamente por cuestiones climáticas. El primer bimestre de 2026 dejó claro que, aunque enero dio un respiro con cifras alentadoras, febrero comenzó a pasar factura. La llegada de turistas internacionales creció apenas 4.2 por ciento, muy por debajo del impulso inicial del año, mientras la violencia volvió a convertirse en ese lastre incómodo que golpea la imagen del país justo donde más duele: en los mercados internacionales.

Jalisco comenzó a resentir el efecto de los hechos violentos al cierre de febrero, y como suele suceder, el daño no sólo queda en lo local; la percepción internacional hace su propio trabajo. A esto se suman episodios lamentables como el ocurrido en Teotihuacán, que reavivan una narrativa peligrosa para el sector: México como destino atractivo, sí, pero vulnerable.
El dato que no pasa desapercibido es que el turismo aéreo cayó -0.5 por ciento en febrero tras varios meses de avance, mientras el turismo fronterizo volvió a salvar la papeleta con un crecimiento de 13.4 por ciento. Traducido al idioma real: el visitante de alto valor comienza a mostrar señales de cautela, y eso pesa. Los ingresos internacionales apenas avanzaron 0.4 por ciento, mientras el gasto promedio por turista cayó 3.8 por ciento. Más visitantes, pero gastando menos. Negocio flojo.
Y por si algo faltara, el aumento en el precio de la turbosina ya empieza a meter presión a las aerolíneas, que reaccionan donde más afecta al pasajero: menos rutas, menos frecuencias y costos potencialmente mayores. México aún no vive el golpe completo, pero sería ingenuo pensar que está blindado.
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MIENTRAS TANTO, en otro frente, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) busca dejar de ser promesa política para convertirse en jugador logístico real. Ahora sí parece haber una ruta más seria, al menos en materia de carga aérea. El memorando firmado entre autoridades mexicanas, el Departamento de Transporte de Estados Unidos y actores clave de la industria representa un paso importante para fortalecer al aeropuerto dentro del sistema metropolitano.

DHL, Mas Cargo, Amacarga y agentes aduanales ya levantaron la mano, destacando reducción de tiempos y costos, además de nuevas inversiones. El AIFA fue integrado al Acuerdo de Transporte Aéreo de 2015, lo que en términos prácticos significa mayor certeza operativa y una mejor distribución de carga entre el saturado AICM y Santa Lucía.
La apuesta puede ser estratégica. Si el AIFA logra consolidarse como nodo logístico internacional, podría convertirse en una pieza funcional dentro del tablero aeroportuario mexicano. El problema sigue siendo el mismo: una cosa es mover mercancías, otra muy distinta llenar aviones de pasajeros.
Y ahí están los números incómodos. En febrero de 2026, el AIFA recibió apenas 6 mil 330 visitantes extranjeros, quedando fuera de los primeros 15 aeropuertos del país en captación internacional. Es decir: para pasajeros, sigue lejos de despegar.
En contraste, Viva Aerobus entendió antes que muchos hacia dónde soplan los nuevos vientos. Mientras otros ajustan discursos, la low cost acelera rutas, expande presencia en el AIFA y apuesta por capitalizar el reordenamiento aeroportuario con visión comercial pura. Menos política, más negocio.
Aeroméxico, por su parte, celebró los avances regulatorios con Estados Unidos, consciente de que preservar estabilidad bilateral será indispensable para mantener competitividad en tiempos donde cada ruta cuenta.
En resumen: México necesita algo más que cifras maquilladas y discursos optimistas. Requiere estrategia, seguridad, conectividad y visión de largo plazo. Porque mientras el turismo enfrenta desafíos por violencia, percepción y costos, el país no puede darse el lujo de improvisar.
La maleta sigue lista, pero el destino exige mucho más que buenas intenciones.
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@AlejandraBernal
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