Valija Viajera

Gran hub aéreo: visión de Estado, no de sexenio * “Raíces ancestrales”: Destilados artesanales

EL DEBATE sobre el futuro del Sistema Aeroportuario del Valle de México vuelve a poner el dedo en una herida que no termina de cerrar: la falta de una visión integral para la infraestructura aérea más importante del país.

Alejandra Pérez Bernal.

Hace unos días hubo un conversatorio que no debe quedar desapercibido, porque ahí los especialistas coincidieron en algo incómodo pero ineludible: el sistema opera con límites estructurales que no se resolverán con parches.

Aunque hay voluntad gubernamental —remodelaciones, trenes, nuevas terminales— la pregunta de fondo es si esas acciones garantizan viabilidad en 10 o 15 años, o si solo administran la saturación.

En el “Primer Diálogo sobre los Servicios Aeroportuarios del Valle de México”, organizado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), se detalló que uno de los puntos más contundentes fue reconocer que el problema no está únicamente en las terminales, sino en el aire. La reducción de operaciones por hora —de 61 a 43— refleja una pérdida de capacidad que impacta en competitividad.

La saturación del espacio aéreo, la falta de controladores suficientes y la necesidad de más radares y tecnología revelan que el cuello de botella no es visible para el pasajero, pero sí crítico para la operación. Si a ello se suma la vulnerabilidad del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) ante inundaciones, el diagnóstico es claro: sin inversión técnica de fondo, el sistema seguirá funcionando al límite.

En este contexto, la coexistencia entre el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), el AICM y Aeropuerto Internacional de Toluca aparece como una solución parcial. Algunos especialistas advierten que la operación simultánea a máxima capacidad no es sostenible, mientras otros plantean que el AICM debe mantenerse como hub y el AIFA consolidarse como aeropuerto regional.

Aspirar a ser la décima economía del mundo exige algo más que voluntad: requiere infraestructura aérea competitiva…

La discusión no es ideológica, sino técnica: un sistema fragmentado sin conectividad eficiente pierde atractivo para aerolíneas internacionales, inversiones y pasajeros en conexión. Y en un país cuya industria aérea aporta alrededor del 3 por ciento del PIB, esa pérdida no es menor.

El consenso hacia el largo plazo apunta a algo que parecía superado políticamente pero no técnicamente: la necesidad de un solo gran hub que concentre el tráfico aéreo del Valle de México.

Cancelado Texcoco, rediseñado el mapa aeroportuario y dispersados los recursos, el reto actual es decidir si se seguirá apostando por la dispersión o si se construirá una estrategia unificada y financieramente sólida. Porque aspirar a ser la décima economía del mundo exige algo más que voluntad: requiere infraestructura aérea competitiva, segura y planeada con visión de Estado, no de sexenio.

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EN EL marco del congreso “Raíces Ancestrales”, realizado en el Museo Casa del Risco, la senadora Beatriz Mojica Morga puso sobre la mesa un debate que pocas veces se aborda con seriedad en la política económica del país: la contradicción fiscal que enfrentan las bebidas tradicionales mexicanas.

Mientras el discurso oficial promueve el orgullo por la identidad y el consumo local, los destilados artesanales —como el mezcal— continúan pagando cargas impositivas que pueden alcanzar hasta 40 por ciento, muy por encima de productos industrializados o bebidas extranjeras que dominan el mercado. La legisladora planteó que el modelo actual castiga justamente a quienes producen de manera artesanal y comunitaria.

México presume su patrimonio gastronómico ante el mundo, pero mantiene reglas económicas que dificultan su sostenibilidad en origen.

El señalamiento no es menor. Mojica Morga evidenció cómo durante décadas el mezcal pasó de ser una bebida marginada, asociada únicamente al consumo local, a convertirse en un producto premium en mercados nacionales e internacionales, sin que esa revalorización se traduzca necesariamente en mejores condiciones para los productores.

El problema no está en la falta de demanda sino en un sistema fiscal diseñado para grandes industrias y no para economías rurales. La paradoja es clara: México presume su patrimonio gastronómico ante el mundo, pero mantiene reglas económicas que dificultan su sostenibilidad en origen.

Más allá del discurso cultural, el planteamiento abre una discusión estratégica para el turismo y la economía regional. Si el país apuesta por experiencias auténticas —rutas del mezcal, turismo gastronómico y consumo local— resulta incongruente mantener políticas que encarecen las bebidas ancestrales frente a alternativas industriales.

Reducir la carga fiscal, como propone la iniciativa impulsada desde el Senado, no solo implicaría justicia económica para maestras y maestros destiladores, sino también una oportunidad para fortalecer cadenas productivas vinculadas al turismo, preservar saberes tradicionales y evitar que la globalización termine apropiándose del valor cultural sin beneficiar a las comunidades que lo originan.

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@AlejandraBernal

alex.bernal2010@hotmail.com

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